SOLEDAD

martes, 10 de noviembre de 2009

 

Te siento como sol frío,
una vez, sólo una vez, la primera,
con ella me vasto para serte fiel.
Piensas en mi tanto como yo lo hago en ti,
tus aguas mansas debilitan mi lucha,
haciendo que abandone esfuerzos y conquistas.
Tu me esperas cada noche, cada amanecer,
cuando sueño, cuando me despisto, cuando vivo,
me acompañarás para siempre en el último acto,
mientras, hasta que llegue ese día,
para no ser desconocidos, flirteamos, día si,
día también.
Cuando las fuerzas flaquean, sintiéndome muñeco de trapo,
recurro a tu paz, a tu vacío silencio,
siempre estás allí,
esperando para reconfortarme, para aconsejarme.
Renazco y alejo mi marioneta,
otra vez me has hecho volver al hoy, otra vez,
no dudo en acudir a ti en momentos de dudas,
en situaciones de desasosiego, a la hora de la cobardía,
tu muro nunca es derribado y tras él,
aguardo la derrota de la impaciencia.
Con tu ayuda equilibro sentimientos endógenos y exógenos,
preparando el desembarco en el laberinto de personas
y me libero de dependencias equívocas.
Haces que llegue al autoconocimiento,
a la aceptación de mi mismo,
siendo sincero, honesto, comprometido y real.
Me gusta bailar contigo
amiga mía, amiga soledad
me gusta aprender de ti.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sencillamente perfecto...

Maria dijo...

Honestidad a quemarropa.
Y cuando se dispara de tan cerca, la herida cierra, pero la quemadura permanece.
Qué te voy a contar.

daniel dijo...

la pólvora, al igual que desgarra, cura.
Somos de naturaleza autosanadora,
aunque eso ya lo sabes.